Conocí a Juanfran en Granada mientras tomábamos unas con la gente de las Blogs y Medios. Acabamos en una discoteca de esas oscuras que hay en todas las ciudades y, entre copa y copa de garrafón, nos habló sobre su trabajo en Camboya.
Lloré sentada en una banqueta de la barra. Así soy.
Lloré porque un día tuvo el arrojo de dejar nuestra jaulita de oro y largarse a Camboya. Lloré por los niños esclavos, por los niños vendidos, por los niños violados y postituidos, por los niños jugando en los vertederos… Lloré por todo lo que cuenta en su blog Mundo olvidado.
(También puedes seguirlo en Twitter: @OmarHavana)









