Y qué felicidad

 
Este podría haber sido el (ya) clásico post gastronómico de resumen anual de los años impares, pero no. En un acto minimalista, he decidido elegir un único momento de 2015, este gran año difícil pero satisfactorio y dulce, sobre todo al final. 

Estas son las albóndigas que cocinamos juntos unas horas antes de que arrancara la última campaña electoral del año. No conocías mi casa y a mí me apetecía invitarte. Buscamos una excusa que, claro, sabíamos que era coartada.

La carne estaba sin descongelar del todo. En casa de periodistas a veces ocurre y no pasa nada. A mí me gustan con ajo frito. Y a ti con cebolla. Echemos estos ajetes frescos a la sartén también. Separaste la carne, añadí un par de huevos y pimienta negra. ¿Te importa si le echo canela? Dale. ¿Y un poco de cilantro que tengo aquí? Estaba peleada con el cilantro, pero he descubierto que me gusta. 

Mezclamos. Lo mejor de cocinar es mancharse las manos. Llenamos la encimera de harina. Bebimos y brindamos. Hablábamos sin parar y casi me quemo la lengua al probar las albóndigas recién sacadas del fuego. Y qué felicidad. 

6 cosas que he aprendido en menos de 24 horas sin móvil

  • Los teléfonos de las personas que más me importan son fáciles de conseguir. Todos los demás, quizá, no los necesito tanto.
  • Puedo vivir perfectamente sin Whatsapp, sin Facebook, sin Twitter e incluso sin Instagram. Y sin un montón de aplicaciones que acumulaba y que ahora mismo no soy capaz de recordar.
  • Sin Spotify la vida empieza a ser un poco más complicada.
  • La doble verificación de Gmail es fantástica… hasta que quieres acceder al correo desde un ordenador que no es tuyo y caes en la cuenta de que el código te va a llegar al móvil.
  • Me costó cinco minutos trazar un plan A y un plan B para tener otro.
  • No ha sido para tanto.

Hoy Madrid es más gris

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Hace unos días celebrábamos la entrada en la Primavera con este hermoso árbol que había florecido en Gran Vía. Hacía sol, estábamos alegres.

Hoy, hace un ratito, he vuelto a pasar por esa esquina del edificio de Telefónica y he notado un vacío. Sí, faltaba el árbol. Lo han talado.

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Hoy Madrid es más gris. 

De frambuesas y pistachos

Dudé entre la frambuesa y el pistacho, pero elegí la fruta por lo veraniego, a pesar de que eso suponía descartar mi particular magdalena de Proust: los iraníes que nos regalaba nuestra abuela cada viernes al salir de la ikastola

¿Quién soy? Es lo que intento descubrir cada día. Sé que me llamo Izaskun (o Nuksazi). Sé que elegí ser periodista. Sé que cada día soy más feliz.

Creo que soy foodtichista. Me gusta la comida de verdad y soy más de producto que de técnica. Una vez lloré cuando me sirvieron unos hongos con patatas. Otra, me excité escuchando a un cocinero hablar de la sensualidad de la trufa blanca. Mi imaginación me lleva lejos de mí, qué le vamos a hacer.

Viví en un restaurante durante año y medio. Lo que más me gustaba era bajar a la cocina en pleno servicio y observar desde una esquina la adrenalina que desprendían al trabajar para que todo marchara perfecto. Con el tiempo me di cuenta de que me recordaba a una Redacción. De esa época recuerdo con especial cariño un día que quedé con un amigo para tomar un café (con hielo y sin azúcar) cerca del mar y ocho horas después nos dimos cuenta de que habíamos parido un libro.

Hace poco descubrí que una de las cualidades que más aprecio en una persona es que sea disfrutona, que sepa comer. La gente que gime mientras come me cae bien. Entre mis amigos hay unos cuantos que lo hacen.

También sé que me gustan los desayunos largos con periódico, que me saquen a cenar, observar cómo crecen los bizcochos en el horno, el cordero de mi padre, las kokotxas de mi abuelo y las alcachofas de mi madre. Las mejores lentejas que he comido en mi vida las cocinó (con todo el amor) un japonés.

Lo pruebo todo. Siempre. Y me va bien porque solo hay dos cosas que no soporto: la cebolla y el ajo, solo si están crudos. Es mi lado más vampiro, pero esa es otra historia.

(Resucito Alderrai solo porque hoy me apetece. Este post es parte de un juego que solo unos pocos entenderán. Va por ellos.)

Arqueología web

¿Cómo empezaron los medios españoles en Internet? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Cómo trabajaban? ¿Quiénes eran? ¿Qué aportaba una edición digital? ¿Cómo eran los editores? ¿Cómo subían las fotos? ¿Y los vídeos y audios? ¿Qué medio publicó el primer blog? ¿Y los primeros gráficos? ¿Cuántos lectores tenían? ¿Fueron siempre gratis? ¿Qué dificultades encontraron?

Queremos saber cómo se las apañaban los que apostaron por Internet en los medios, conocer a los protagonistas, que nos cuenten las historias que hay detrás de la historia de los medios españoles en Internet.

El post completo, en 1001medios.

¡Que nos quiten lo bailado!

Lo comido y lo bailado. Alberto Montt“Los humanos tienen un sistema conceptual tan primitivo, que para enterarse de los que sucede han de leer los periódicos. No saben que un simple huevo de gallina contiene mucha más información que toda la prensa que se edita en el país. Y más fidedigna. En los (huevos) que acaban de servirme, y a pesar del aceitazo que los empaña, leo las cotizaciones de bolsa, un sondeo de opinión sobre la honradez de los políticos (un 70% de las gallinas cree que los políticos son honrados) y el resutaldo de los partidos de baloncesto que se disputarán mañana. ¡Oh, cuán fácil les sería la vida a los humanos si alguien les hubiera enseñado a descodificar!”.

Una viñeta de Alberto Montt y un fragmento de ‘Sin noticias de Gurb‘ para celebrar que hace un año abrí Alderrai y que sigo errante. También para dar las gracias a los que me acompañan y me dejan aprender a su lado. Pronto habrá más razones para ser felices, pero mientras, ¡que nos quiten lo bailado!

“Ahora las cosas han cambiado mucho…”

“Ahora las cosas han cambiado mucho, y no sólo por las pantallas, los satélites, las batas blancas que se ven en las redacciones, la tecnología que ha cambiado los sistemas de juego… ¿Cómo contar algo que ya se ha visto en directo por televisión?”

‘El periodismo’. Manu Leguineche. 1993.